Por: NAYRA RODRÍGUEZ | En El Llanito, un corregimiento bañado por las aguas del Río Magdalena, el silencio de la ciénaga fue interrumpido por una tragedia ambiental, la mortandad de varios manatíes en el cuerpo de agua de la ciénaga que circunda la zona.

Con gran consternación y dolor, los pescadores alertaron a las autoridades ambientales para atender la emergencia y estudiar las causas que propiciaron la pérdida de esta especie considerada en vía de extinción.

Colombia, uno de los países megadiversos del mundo, alberga aproximadamente el 10% de la biodiversidad global, una riqueza natural invaluable que va más allá de lo que muchas veces podemos dimensionar en territorios como El Llanito.

El concepto de biodiversidad, que comenzó a tomar forma en la década de 1980, reconoce la variedad de vida en todas sus escalas genética, de especies y de ecosistemas. Esta diversidad no solo es un patrimonio biológico, sino también un factor esencial para el bienestar y la calidad de vida de las comunidades.

Este hecho despertó en los pescadores realizar acciones para la protección de la especie, por ello nació Guardianes del Manatí, un colectivo que se ha convertido en la voz viva de un territorio que se resiste a ver desaparecer a sus especies.

Yelisa Potes, lideresa comunitaria y una de las fundadoras de la organización, recuerda que todo comenzó entre el año 2016 y 2018, cuando la Asociación de Pescadores, Acuicultores y Afrodescendientes de El Llanito (APALL) evidenció varias alteraciones en el comportamiento y la salud de los manatíes.

Como resultado de la reunión surgió la necesidad de crear un equipo de protección.  Comenzaron con cinco pescadores realizando monitoreos empíricos en bote, sin herramientas técnicas, pero con un conocimiento profundo del agua. Desde 2019 se consolidaron como colectivo, y gracias al reconocimiento local, iniciaron acciones concretas como la creación de ocho puntos de alimentación, donde llevaban pasto alemán y taruya para mantener nutrida a la especie, especialmente en temporadas de verano.

En 2024, es acogida oficialmente Guardianes del Manatí. Esta ONG nace como una propuesta de desarrollo local desde la comunidad, y no trabaja sola: está conformada por líderes, profesionales y habitantes del territorio que han decidido organizarse para generar transformaciones reales.

Sus integrantes, Cristóbal Mendoza, Libardo Pedrozo, Hernando Rodríguez, David Montero, Humberto Arango, Yelisa Potes y otros aliados, son pescadores de tradición, hombres y mujeres que conocen la ciénaga palmo a palmo.

La labor de los Guardianes del Manatí se inscribe dentro de un marco global y nacional de conservación y uso sostenible de los recursos naturales. Colombia, como parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) desde 1994, asume la responsabilidad de proteger su diversidad biológica como un compromiso de interés universal. Las acciones comunitarias en el corregimiento, desde el monitoreo hasta la alimentación de los manatíes, no solo buscan conservar una especie emblemática y especie sombrilla, sino que también contribuyen a mantener la integridad de un ecosistema vital, generador de servicios ecosistémicos que benefician a toda la región.

Así, los Guardianes del Manatí se convierten en un ejemplo palpable de cómo las comunidades locales pueden ser protagonistas de la conservación, demostrando que la protección de la biodiversidad es una tarea conjunta que debe involucrar a todos los actores desde lo local hasta lo global para enfrentar los retos ambientales que amenazan la vida en el planeta.

La comunidad entiende el turismo como un medio, no como un fin. A través de rutas turísticas, circuitos ambientales y proyectos comunitarios, busca visibilizar las problemáticas ambientales, promover la protección de la vida en todas sus formas y demostrar que las comunidades organizadas pueden generar desarrollo sin depender exclusivamente de entidades gubernamentales.

LABOR DESTACABLE

Desde hace años, los integrantes de Guardianes del Manatí lideran recorridos de monitoreo, jornadas de limpieza, campañas comunitarias, y acompañan los talleres que, desde UNIPAZ se adelantan con los pescadores miembros del colectivo.

En estos espacios, como el más reciente curso de gestión y conservación del manatí antillano, se abordan fundamentos biológicos, ecológicos y técnicas de manejo que fortalecen sus conocimientos empíricos y refuerzan el compromiso comunitario por la protección de la especie.

Hernando Rodríguez, uno de los Guardianes, asegura que “estar cerca de un manatí es una experiencia única, verlos alimentándose es emocionante. Yo decidí ayudar porque cuando es tiempo de verano no tienen cómo comer, y nosotros como grupo les ayudamos cortando el pasto”. Para él, trabajar de la mano con la universidad ha sido muy valioso: “uno aprende más acerca del manatí”.

Por su parte, Humberto Arango, miembro activo del colectivo, explica con orgullo, “nosotros sabemos cuidar del manatí porque lo conocemos desde siempre. Aquí aprendimos que, si no lo cuidamos, un día se va a acabar”.

La lucha no ha sido fácil. Entre la falta de apoyo institucional, el avance de la industrialización, el cambio climático y las condiciones económicas difíciles, el trabajo de los Guardianes muchas veces ha sido sostenido solo por la voluntad. Aun así, no se detienen.

La última muerte registrada de un manatí fue en marzo de 2025, una hembra fallecida por infección postparto. Ya se tiene un diagnóstico claro y se espera una mesa de diálogo con las autoridades ambientales para decidir qué acciones tomar como red, y cómo minimizar los impactos que están afectando a la especie. Mientras tanto, estos líderes siguen planificando un proyecto estructurado que permita no solo garantizar la protección del manatí, sino también la sostenibilidad económica de quienes, con esfuerzo y sin retribución, han protegido la vida en estas aguas durante años.

Este reportaje no es solo una alerta ambiental; es un homenaje a quienes, desde lo rural, cuidan lo que muchos no ven. Guardianes del Manatí es un ejemplo de que cuando una comunidad se une por la vida, puede transformar dolor en esperanza, abandono en acción, y silencio en voz.

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